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Turismo Arqueológico del Estado Mérida

Sitio arqueológico El Morro, Mucurubá: El sitio se encuentra hacia el noreste del pueblo de Mucurubá. La dispersión del escaso material cerámico hallado está ubicado en las laderas de una formación montañosa que bordea al pueblo. Siendo que la pendiente de la falda es bastante inclinada, sus antiguos ocupantes hicieron terrazas para construir sus viviendas y realizar actividades agrícolas, esto se infiere a partir de la presencia de estructuras de piedra, tales como pequeños muros de contención, conglomerados y alineaciones de rocas. Este sistema permite tener un control de la velocidad de las aguas de lluvia que corren desde las partes más altas de la montaña, hasta alcanzar los cauces de quebradas y ríos de la zona. Actualmente estas tierras aún son usadas para el pastoreo y la siembra estacional de algunos productos agrícolas. Este sitio presenta similares evidencias arqueológicas que el sitio Los Aranguren ubicado en las cercanías de Mucuchíes.


Sitio arqueológico Casa del Pino, Mucurubá: Este sitio consiste en un conjunto de construcciones de piedra de planta rectangular, algunas emplazadas en la terraza del río Chama y otras al norte de la carretera, acompañadas a su vez de un par de muros de los cuales se dicen que fue un tramo del camino de los españoles o como también se le conoce Camino Real de la Ruta. Fue investigado por Luis Molina en el año 1989, junto a especialistas de la Universidad de Los Andes, quienes reportaron la presencia de al menos dos casas de presumible origen prehispánico, una de éstas de 6 m de largo por 5 m de ancho, con una altura de 1,20 m; la otra de 7,15 m de largo por 5,15 m de ancho por 1,70 m de alto; las paredes de ambas caras oscilan entre 60 y 70 cm de grueso. En este sitio fueron halladas evidencias de estructuras habitacionales de posible ocupación permanente. Asociadas a las estructuras, también se encontró material cerámico no decorado y lítico, como piedras de moler y fragmentos de vegetales y semillas, las cuales se presumen son contemporáneos con los hallazgos anteriormente mencionados. Entre los restos arqueológicos excavados, sobresale la presencia de un fragmento de una botella de ginebra que según fechamiento relativo corresponde al siglo XIX, un clavo de metal de cabeza piramidal semejante a los clavos forjados de posible elaboración en el siglo XVIII y comienzos del XIX. Las estructuras se caracterizan por el uso de rocas y cantos rodados amontonados para formar paredes de espacios de plantas rectangulares y cuadradas, muros que bien podrían separar o discriminar espacios y alineaciones de piedra, de los cuales se presume fueron usados para desviar el agua de lluvia que corre por las laderas. Según fechamientos por el método de termoluminiscencia realizada en el Laboratorio de Arqueometría del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, se obtuvo una fecha absoluta de 1646 -se debe tomar en cuenta un margen de error de cuarenta años-. Este fechamiento indica que el sitio fue habitado y probablemente construido en el siglo IV después de Cristo, pero las evidencias de artefactos coloniales encontrados indican por otra parte que este sitio fue reocupado para el siglo XVII. Actualmente el área es usada para el pastoreo.

Sitio arqueológico La Loma, Mucurubá: Este lugar es similar, en cuanto a evidencias arqueológicas, al sitio El Morro, a diferencia que éste encuentra una terraza aluvional. A distancia se puede apreciar un conjunto de muros de contención, alineación de rocas y conglomerados que podrían indicar que se trata de un sitio habitacional. Los fragmentos cerámicos varían su color entre gris y marrón rojizo con escasas muestras de decoraciones; destaca la presencia de fragmentos cerámicos decorados con impresión digital o con los dedos y en serie, así como también la aplicación de cintas de arcilla con incisiones triangulares, muy típicas de las encontradas en otros sitios de la región. Adicionalmente, se cree que fue un taller para la elaboración de placas aladas en serpentina a juzgar por la presencia de lascas pequeñas de esta materia prima. El río Chama y la quebrada Gaviria lo circundan. Fue reportado por Lino Meneses y Gladys Gordones en el año 1995. Todos los hallazgos anteriormente señalados permiten relacionar este sitio con San Gerónimo, Escagüey, entre otros.

Sitio arqueológico Misteques, Mucuchíes: Al igual que muchos sitios de la región, este sitio también fue reportado en el año 1980 por Erika Wagner quien efectuó una recolección superficial de materia, cerámico indígena y lítico. Muy próximo a la área de recolección, Wagner encontró un mintoy de base circular de 1,60 m de diámetro por 1,20 m de altura muy similar a los reportados en algunos sitio de la región y de Colombia. Fue visitado por Antonio Niño y Gustavo Díaz Spinetti en el año 1997, cuando efectuaban el inventario de bienes culturales, financiado por el Instituto del Patrimonio Cultural, en convenio con la Universidad de Los Andes.

Sitio arqueológico Las Margaritas, Mucuchíes: Este sitio es interesante porque las lomas del sector Las Margaritas presentan las cicatrices de lo que fue una intensa actividad agrícola en la región y en la zona en tiempos prehispánicos. Los cortes de los terraplenes, fueron reforzados con rocas propias del sector y éstas amontonadas o alineadas eran parte tanto de terrazas agrícolas como de viviendas. Afortunadamente la baja densidad poblacional y la actividad agrícola con técnicas rudimentarias y manuales, permiten que su destrucción sea lo menos acelerada posible.

Sitio arqueológico El Royal, Mucuchíes: Este sitio fue reportado y estudiado por Erika Wagner en el año 1980 allí recolectó algunas muestras de material cerámico en superficie, pero no fue excavado. Por las características estilísticas y tecnológicas analizadas en la muestra, Wagner la asoció a las evidencias encontradas en los sitios Llano del Alto, Misteques y Los Micuyes, pues la decoración aplicada para decorar las vasijas, era muy sencilla, con el predominio de la cadeneta incisa, las incisiones lineales y presencia de pintura roja. Gracias a estas características se puede establecer una cronología relativa que oscila entre 1000 d.C. y 1100 d.C. A pesar de que cerca del sitio no existe una gran densidad poblacional, la actividad agrícola es uno de los factores que atentan con su desaparición total. Pero gracias a la remoción de la tierra que la gente del lugar, se reportó. Este sitio fue parte de una aldea agrícola de los pueblos originarios de la parte alta de Los Andes interconectada con otros sitios de la región.

Sitio arqueológico Los Hoyos, Mucuchíes: Se caracteriza por presentar construcciones artificiales de piedra para la instalación de viviendas y terrazas agrícolas. Este lugar está muy cerca del sitio arqueológico Las Margaritas, por tanto se cree que puedan ser parte de un mismo conjunto o un sistema local de cultivo. El pastoreo y la agricultura tradicional son prácticas que aún se desarrollan allí, sin embargo han sido de bajo impacto para la conservación en sitio de las evidencias. Sin embargo se cree que las lluvias por cientos de años han lavado la superficie de muchos sectores en donde probablemente fueron desechados materiales u objetos que pudieron haber sido utilizados, como por ejemplo las vasijas de barro y los instrumentos de labranza. Las terrazas que aún se perciben a gran distancia son testigos silentes y valiosos del pasado histórico de la región y del modo de vida de sus antiguos pobladores.

Sitio arqueológico Los Aranguren, Mucuchíes: Se cree que la ubicación de este sitio fue una consecuencia de la necesidad de que sus pobladores tuvieran un control estratégico del paso hacia los Llanos de Barinas. Fue descubierta por primera vez en la década de 1960 por la familia Torres cuando limpiaban la falda de una montaña con fines agrícolas. El sitio fue estudiado en el año 1993 por Lino Meneses, investigador de la Universidad de Los Andes. Se encontró evidencias de terrazas habitacionales asociadas a cámaras subterráneas, conocidas como mintoyes de uso ceremonial o funerario, material cerámico de vasijas globulares altas y bajas con bordes rectos o salientes, incensarios y vasijas trípodes, muchas de las cuales fueron decoradas con cintas aplicadas con incisiones triangulares e impresión digital. Por otra parte, la presencia de fragmentos de diversos tamaños de serpentina, roca de color verdoso. Puede estar relacionado con la elaboración de placas aladas - pendientes en forma de murciélagos o aves que simulan estar con las alas extendidas- que permiten relacionar este sitio con el llamado Cerro Las Flores en La Hechicera, Mérida y La Pedregosa en la ciudad de Mérida, con San Gerónimo en Tabay, Escagüey y La Pedregosa ubicados en los alrededores de éste.

Sitio arqueológico Mocao Alto, Mucuchíes: Reportado por Erika Wagner en 1980, allí encontró un taller lítico de placas aladas que asemejan a la figura de un murciélago o un águila en vuelo. Este lugar se encuentra muy próximo a una zona usada como cementerio en cuyas ofrendas también fueron encontrados estos artefactos en diversos tamaños, unos muy pequeños usados como pendientes y otros muy grandes y pesados, usados tal vez como pectorales. La cerámica es muy similar a la encontrada en el sitio La Nueva Era; en cuanto a que ésta también fue decorada con aplicados, incisiones, punteado y modelado en donde destaca la cadeneta modelada y aplicada. La pintura es de color rojo y anaranjada sobre una superficie pintada en blanco o sin pintar, con motivos lineales. En el lugar abunda gran cantidad de cantos rodados, precisamente por estar ubicado en una terraza fluvial. Por las características de los bienes arqueológicos encontrados se cree que este sitio formó parte de un patrón de asentamiento alto andino, cuyos pobladores se relacionaban con sus coterráneos hace al menos 1000 d.C. y 1100 d.C. Sin embargo, y a juzgar por la presencia de cerámica colonial y fragmentos de artefactos europeos, se cree que este sitio fue visitado por los colonizadores europeos entre los siglos XVII y XVIII. Este sitio fue visitado por Antonio Niño y Gustavo Díaz Spinetti en el año 1997 cuando realizaban el Inventario de Bienes Culturales, financiado por el Instituto del Patrimonio Cultural en convenio con la Universidad de Los Andes. Por estar ubicado en una zona agrícola en donde se siembra papa y trigo, el lugar se encuentra amenazado de desaparecer totalmente pues tiene un alto grado de perturbación al menos en la superficie.

Sitio arqueológico Los Aposentos, Mucuchíes: Según Lino Meneses en un escrito publicado en 1995, este sitio presenta restos de lo que fue un taller lítico y un lugar de uso funerario. El material cerámico presente se caracteriza por tener formas de vasijas globulares con diferentes variantes, así como semiglobulares, presentando un color desde gris oscuro hasta un marrón rojizo. La decoración consiste en la aplicación de cintas con incisiones triangulares e impresiones dactilares. El material lítico está conformado en su mayoría por fragmentos de serpentina de diferentes tamaños y grosores; todo ello permite relacionar este yacimiento con los sitios Escagüey, Cerro las Flores, Tabay, entre otros.

Sitio arqueológico Los Micuyes, Mucuchíes: Los materiales arqueológicos encontrados en la superficie por Erika Wagner en el año 1980, son similares estilísticamente, a los encontrados en El Royal, Llano del Hato y Los Misteques, esto hace suponer que se trataba de un sitio habitacional perteneciente a una aldea alto andina relacionadas entre sí, cuyo sistema de vida se basaba en el cultivo de papa y maíz, entre otros productos alimenticios. Por estar ubicado en una zona alto andina es muy posible que también sus antiguos pobladores hallan usado la técnica de los canales de riego, el terraceo y los silos o depósitos, sin embargo, hasta la presente fecha no se han reportado los bienes arqueológicos asociados a la cerámica descrita por Wagner. El lugar fue inventariado por Antonio Niño y Díaz Spinetti en el año 1997, gracias al financiamiento del Instituto del Patrimonio Cultural en convenio con la Universidad de Los Andes.

Sitio arqueológico La Nueva Era, Mucuchíes: Se caracteriza por ser un sitio habitacional con presencia de mintoyes que son urnas de lajas de piedra, también usado como reservorio para los granos y alimentos. Los mintoyes encontrados se caracterizan por ser construcciones de piedra subterráneas, los mismos se construían cavando un hoyo en el suelo revistiéndolo con piedras que luego tapaban con una laja de piedra plana de modo que resultaba una bóveda artificial. En este sitio, a juzgar por las evidencias arqueológicas, las viviendas eran construidas con bases de piedra denominadas poyos. Estas viviendas estuvieron a su vez asociadas a terrazas agrícolas en laderas con muros de piedra a modo de contención, las cuales sirvieron para aumentar las superficies cultivables de las laderas de las montañas y para controlar la erosión. De alfarería reportada destaca su decoración que consiste en incisiones, apliques modelados y el punteado. El motivo más representativo es el modelado aplicado en forma de cadeneta ubicado en el borde de las vasijas globulares de tres patas, así como también placas o pectorales de serpentina, 18 esqueletos humanos, usos para el tejido del algodón, un pendiente perforado de concha y una delgada lámina de tumbaga (aleación de cobre, oro y plata que servía de pendiente, probablemente traído de la zona chibcha y/o tairona. En este sitio también fueron hallados fragmentos de cerámica colonial y artefactos europeos. Por la presencia en estos sitios de piedras de moler, hachas azuleas y martillos líticos asociados al resto de las evidencias arqueológicas antes mencionadas, se puede inferir que la subsistencia de la población prehispánica del área de Mucuchíes estuvo basada en la agricultura de tubérculos alto andinos, la caza y la recolección.


Sitio arqueológico El Bolo, Escagüey: Fue reportado en el año 1989 por Antonio Niño, investigador del Museo Arqueológico de la Universidad de Los Andes. Este lugar se caracteriza por la presencia de restos de un asentamiento que se hizo sobre una ladera en terrazas de suave pendiente y a unos 2.520 m.s.n.m. En este espacio se encontró un conjunto considerable de placas aladas, conocido en la literatura tradicional como alas de murciélago. La cronología calculada a partir del método de termoluminiscencia - es una técnica para tener un aproximación de la fecha a través de la cantidad de luz recibida por el objeto-, arrojó tiempos de 990 y el 1600 antes del presente, es decir, se calcula entre los años 1016 de nuestra era y 406. Otras muestras seleccionadas para fechamientos, arrojaron como resultado una posible ocupación para el año 1515 ó 1520.

Sitio arqueológico Chipepe, Mocao: Este sitio fue reportado por primera vez por José María Cruxent en el año 1948. En un área de aproximadamente unos 100 m de diámetro y con una ligera inclinación, se recolectó una muestra de artefactos arqueológicos para realizar una investigación que orientaría la interpretación de la posible filiación cultural de los grupos humanos que se asentaron en el lugar y un análisis estilístico de la cerámica en relación a las encontradas en la región. En su recorrido, también se localizó una bóveda con paredes y piso en lajas de piedra, con tapa también en piedra rectangular, cuyo contenido consistía en la presencia de cerámica indígena y restos óseos humanos. A pesar de esto, Cruxent consideró que era un sitio habitacional, a partir de la presencia de desechos o basureros típicos de las viviendas o asentamientos prehispánicos que indican larga permanencia. Estos fragmentos encontrados eran similares a los encontrados dentro del mintoy. Fueron localizadas terrazas agrícolas y canales de riego en piedra, a su vez es posible observar que asociado a las terrazas se encuentran escaleras, caminos y bases de viviendas. La base de alimentación de la sociedad prehispánica que habitó esta zona principalmente constituía del cultivo de la papa y complementándose con el maíz obtenido por intercambio con sitios vecinos. Años más tarde, en el año 1980 Erika Wagner visita el sitio y coincide con las aseveraciones de Cruxent. Caracterizó las formas de las vasijas como botijas de panzas globulares y bordes ligeramente salientes, la presencia de asa unitubulares y una que otra con adornos en su extremo superior. Algunos fragmentos presentaron aplicaciones de cadenetas modeladas e incisas o presencia de pintura roja que cubre toda la superficie en la parte superior del cuello o en el borde de las vasijas, así como también puntura negra sobre superficie blanca. Gracias a las características de los bienes arqueológicos antes señalados, Cruxent y Wagner consideraron que este sitio estuvo habitado en el período IV, es decir entre 1000 d.C. y 1600 d.C. La actividad agrícola y el saqueo en la zona constituyen amenazas para la preservación del mismo. Este sitio fue visitado por Antonio Niño y Gustavo Díaz Spinetti en el año 1997, para realizar el inventario de bienes culturales, financiado por el Instituto del Patrimonio Cultural

Sitio arqueológico Loma de la Virgen, Mérida: Este sitio arqueológico fue investigado por Antonio Niño en 1988. En este sitio se determinó la existencia de tres tipos de funciones, un sitio habitacional, sitio funerario y agrícola. Durante la prospección realizada se encontraron fragmentos cerámicos, artefactos líticos y restos óseos. Con respecto al área agrícola se hallaron un conjunto de muros de piedra que posiblemente se usaron como mesetas para el cultivo. Las cámaras funerarias, conocidas como mintoyes, se ubicaban en la falda de la montaña, la entrada estaba cubierta por una laja de piedra, la cual cerraba de esta forma la entrada a estos espacios funerarios. La mayoría de estos espacios estaban ya intervenidos aunque en uno de ellos se localizo material cerámico correspondiente a vasijas pequeñas y material lítico como manos de moler, metates y un pendiente con diseño zoomorfo o forma de animal, así mismo se hallaron restos óseos principalmente relacionados con el cráneo.

Sitio arqueológico Monterrey, La Culata: Este sitio arqueológico fue investigado por Antonio Niño en 1988, cuando se realizaron una serie de excavaciones que permitieron determinar que este sitio correspondía a un cementerio, al localizarse una serie de cámaras funerarias o mintoyes. Según ciertos estudios realizados a los mintoyes se cree que fueron utilizados por los grupos prehispánicos como silos y posteriormente se reutilizaron como un sitio funerario, este tipo de enterramiento es característico de la zona andina. La mayoría de estos espacios funerarios o mintoyes estaban ya intervenidos aunque en uno de ellos se encontraron fragmentos cerámicos, artefactos líticos y restos óseos. La boca de entrada de los mintoyes se encontraba tapada por un conjunto de lajas de piedra. Según estudios relativos se tiene un fechado del sitio estimado en 1490 después de Cristo aproximadamente.
 
 
 
 
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