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Etnia Warao - Estado Delta Amacuro

La palabra warao o guarao significa gente de canoa. Es el segundo grupo indígena más numeroso de Venezuela. Actualmente su población no excede los 25.000 habitantes distribuidos en diferentes ciudades y comarcas, cada una bajo el mandato de un kobenahoru, autoridad mágico-religiosa. En su mayoría se ubican en el estado Delta Amacuro. Se dice que son refugiados porque fueron acorralados en ese espacio acuático como consecuencia de la presión de otros indios más aguerridos, forzándolos a recluirse en esos parajes. Son de mediana estatura, robustos y lampiños. Originalmente fueron cazadores y recolectores. Con la llegada del ocumo chino iniciaron la agricultura traída de las islas de Trinidad y Guayana; luego pasaron al cultivo de arroz, aunque no lo consumen demasiado, sin embargo se han convertido en los más importantes cultivadores de este cereal. Están tan adaptados a su ambiente que se dice que primero aprenden a nadar y conducir las curiaras que a caminar.

 

 

Debido al medio ambiente acuático del delta del Orinoco, una de las pertenencias más apreciables por los habitantes de esta región es la curiara. Cada familia posee por lo menos una, las cuales son conducidas indiferentemente por niños, mujeres u hombres con la misma habilidad. Éstas les sirven para la pesca y como medio de trasporte o de comercio. En su construcción toma parte activa el wajibaka amoyotu, artesano especializado en la elaboración de las curiaras. Este trabajo está profundamente ligado al simbolismo del retorno al vientre materno, expresado en el mito de Jaburi. El wajibaka amoyotu se prepara desde niño para poder fabricar una curiara. Primero le pide permiso a Dau Arani, la madre bosque para tumbar el árbol que ellos llaman cachicamo rojo. El artesano se dirige hacia la parte selvática de la zona y selecciona el árbol para la construcción de la embarcación. Luego procede a bonquear el árbol con un hacha y un pico. Esta primera fase de la actividad la realiza en el mismo lugar donde corta el árbol. Como segundo paso procede a quemar el árbol, utilizando para ello ramas de manaca que se colocan tanto en la parte exterior e interior del mismo. Posteriormente saca el carbón y raspa con un machete dándole la forma cóncava a la cuariara. Por último se traslada el árbol al caserío y allí se le hacen los últimos toques. Los asientos son tablas o barras colocadas de forma horizontal y estas pueden ser hechas con cualquier tipo de madera. Todo ello puede llevarle al artesano, desde dos semanas hasta dos meses de trabajo. El canalete, que es el instrumento que cumple las funciones de remo y timón para maniobrar la embarcación por el río, se elabora preferiblemente con un árbol denominado canjelón o en su defecto con el apamate.

Tradicionalmente usaban guayuco fabricado con fibra vegetal, de unos 12 a 15 cm, el cual pasaba desde los glúteos por entre las piernas dejando caer por el frente un pequeño delantal. En la actualidad usan vestiduras criollas los hombres y las mujeres, y andan descalzos. Sin embargo hay prendas que no han dejado de utilizar como los collares, que, según sus creencias, los protegen contra las enfermedades y las desgracias. Para la elaboración de los collares existe una gran variedad de materiales usados por los grupos guaraos. Tradicionalmente los collares fueron de semillas, vértebras de peces, huesos de animales. Actualmente suele observarse el uso de mostacillas y cuentas plásticas. A las mujeres usualmente les gusta entrelazar monedas de plata, dientes de animales y figuras religiosas dentro de sus collares de mostacilla. Para ello suelen utilizar cordeles de moriche macho retorcido. Los collares de los hombres comúnmente son hechos de planchitas rectangulares de huesos de venado, sujetos mediante ataduras de fibra de moriche y aplicando a intervalos entre los huesos, algunas mostacillas o semillas. Este tipo de collar solamente son usados por los pretendientes solteros y los jóvenes en las fiestas rituales. Las mujeres decoran con perlas y plumas su cuerpo, y con las fibras se tejen cintillos que colocan en los brazos muy ajustados.

Su alimentación es a base de moriche, de donde extraen la harina yurima con la que preparan un pan que usan en ciertos rituales, y las frutas. Del moriche preparan una especie de casabe y un pan para el consumo ritual. El morichuees el alimento primordial y sagrado del warao, de hecho es considerado como el árbol de la vida; es como el maíz para los pueblos andinos y del sur. Sin embargo se destaca en este registro todo aquello que le es adicional. Ejemplo de ello es el arroz, el cual lo suelen convinar con algunos sobrantes del moriche y con restos del cuerpo del manatí o del arahuaco. Uno de los postres preferidos es el gusano de la palma del moriche, el cual es de unos 8 cm, y es rico en proteínas; acostumbran comerlo frito, asado o crudo. También gustan de comer huevos de tortuga, gallinas, cochino frito, báquiros, iguanas, cangrejos, palmito de moriche y frutas, yuca y ocumo. También la pulpa de las frutas la dejan remojando por más de una semana en el barro a orillas del río y luego las comen. Las semillas de las frutas las endulzan con miel para preparar dulces.

Viven en palafitos, en viviendas a orillas de los caños o en los pantanos donde crían pequeños báquiros, gallinas y cochinos. Desde los años cuarenta adoptaron la siembra en conuco para el consumo familiar y para el comercio del arroz. El hábitat por tradición de las culturas indígenas establecidas en el delta son los bosques y selvas húmedas. La gran diversidad de cauces fluviales como ríos, caños y manantiales en esta región ha permitido a los indígenas una coordinada dispersión a lo largo y ancho de este territorio. En esta zona existen dos tipos de aguas, las llamadas aguas negras, que son así a consecuencia de una sustancia que bota la raíz del moriche, caracterizada por pocas y pequeñas especies animales dado su alto grado de acidez y las aguas blancas que presentan grandes cantidades de especies de fauna y vegetación, esta última es la más apreciada por la población. Algunas zonas de selva tropical son más características en el desarrollo de especies animales de gran tamaño, lo que las convierte en coto de caza de mayor aprovechamiento por parte de los cazadores indígenas, quienes suelen recorrer grandes distancias desde sus sitios de habitación para abastecerse, ya sea cazando o por intercambio con otras comunidades en la zona. El proceso de barbecho o reforestación natural que los indígenas le otorgan a las parcelas agotadas por el cultivo y el conocimiento de la fauna ha permitido al habitante perteneciente a alguna de estas culturas, establecer sus patrones de comidas, recorridos por la selva, los períodos de gestación y número de crías, así como el hábitat tradicional de cada especie. Es con este conocimiento que puede desarrollar técnicas de cacería acordes y más eficientes, sin detrimento del desarrollo de esas especies.
Las actividades de la tribu son medidas por el gobernador, el cual es acompañado por un capitán y un fiscal. Económicamente el warao depende de la caza y la recolección de frutas silvestres y cangrejos en el período de sequía, también viven de la explotación de la madera y la venta de artesanía.

El warao teje maravillosamente cestas y mapires tanto con la palma del moriche como con la bora, a las cuales incorpora diseños con colorantes de semillas de las plantas autóctonas. La elaboración artesanal de cestas se caracteriza por el uso de fibras duras y semiduras con las que se elabora toda gama de cestas de uso doméstico, canasto, petacas, esterillas y sombreros. Posiblemente sirvieron como instrumento de trasporte de los alimentos para los grupos nómadas. Han sido muchos los vestigios encontrados en Carabobo, Lara, Zulia, bajo Orinoco y los llanos occidentales que ubican su elaboración desde el inicio del periodo cristiano hasta la actualidad. Las técnicas de tejido son muchas, cruzado, damero y sarga. Los materiales utilizados han sido palmas, bejucos, raíces, corozos, cogollos, cortezas y lianas. En el caso de la cestería warao se caracteriza por el empleo de la fibra de tirite, moriche y bora para la elaboración de mapires, cestas y sebucanes. La técnica más común es la de sarga.
Es curioso el hecho de que la mayoría de los tejidos son confeccionados por las mujeres y las ancianas; cuando buscan la materia prima, en algunos casos, son acompañadas por el marido por si se requiere de su fuerza y astucia, en caso contrario lo hace ella con su hija. La decoración del objeto depende de la organización entre el tramado y la urdimbre, de tal manera producen dibujos geométricos de carácter simbólico. Estas cestas se pueden conseguir en Tucupita en cualquier parte ya que los indígenas las construyen a orillas del caño Mánamo o en las plazas cercanas y a muy buen precio. Recientemente, varios grupos de artesanos waraos, han introducido nuevas técnicas en la elaboración de la cestería. Combinaciones de formas y materiales tradicionales que manejan invocaciones como la fabricación del mapire.

El mapire, antiguamente utilizado como cesta mortuoria, hoy día tiene diversos usos: como coladores sin decoración, usadas en la producción ritual del sagu. También son utilizadas como cestos para almacenar y trasportar alimentos. Se han documentado alrededor de 20 patrones diferentes de mapires, entre monocromos y policromos, de estilizadas figuras zoológicas y botánicas, pájaros, animales, pez sierra, culebras, huellas de molusco, cráneos de monos y plantas. La cesta es producida a partir de un aro delgado de madera que mide aproximadamente unos 50 ó 60 cm de diámetro. Este aro asegura la ligazón a través de un simple enrollado cruzado, los elementos pasivos por una cuerda trenzada de la fibra de moriche.
La cuerda tejida contribuye significativamente a darle resistencia al mapire. El tiempo de elaboración es de unas 10 a 15 horas. Estas cestas no pueden ser almacenadas por mucho tiempo ya que tienden a producir enfermedades de la piel en los niños. De la madera blanca de las raíces del árbol sangrita tallan una gran cantidad de animales, peces y aves, a quienes llaman hermanos. El warao también usa la fibra de moriche para fabricar sus chinchorros y para ello emplea una técnica de trenzado sin nudos. Una mujer necesita de 12 a 20 hojas tiernas de la palma del moriche, luego la artesana procede a estirar y torcer las hojas para desplegar los dobleces y extraer la epidermis, de donde se obtiene la fibra con que tejerá el chinchorro. La mayoría de las mujeres warao prefieren hervir la fibra para un mejor blanqueo. El trabajo del trenzado se realiza en un rincón de la casa donde la mujer coloca cuatro pértigas verticales que semejan un rectángulo. Las varas de los lados estrechos están conectados con dos cuerdas, de este modo sirve de marco para fabricar el chinchorro.

Hay artesanas que colocan estas varas a una altura del piso conveniente para tejer sentadas o tan sólo dos grandes varas lo suficiente altas para estar de pie. El tamaño del chinchorro dependerá de la distancia entre las pértigas. Por último inserta una hilera de cabulleras o cuerdas a una especie de asa que ha hecho en los terminales de la red del chinchorro. Usualmente el warao amarra las puntas de las agarraderas a las cabulleras. Una persona puede concluir el cuerpo del chinchorro en un periodo comprendido entre 4 y 6 semanas. Estos tejidos waraos son de extraordinaria belleza por su sutileza y precisión en la organización del trenzado. Para este grupo étnico más que un oficio para el comercio es una necesidad espiritual ya que como se mencionó anteriormente el moriche es considerado por ellos el árbol de la vida.

En la sociedad warao tradicional se considera apta para el trabajo toda persona adulta, entendiéndose como tal cualquier miembro mayor de doce años, que es la edad cuando las jóvenes están en condiciones de procrear y formar una familia. Todos los miembros de una comunidad deben conocer de forma general las actividades cotidianas tradicionales que se realizan dentro de la sociedad y de esta manera participar en cualquiera de ellas. Algunas personas se destacan en labores específicas como la caza, la pesca, el hilado, tejido u otra actividad y debido a esa destreza o conocimiento especializado, la persona que más sabe de una determinada labor es promovida por el grupo para coordinar las acciones necesarias para llevar adelante ese trabajo.


La socialización, cooperación y apoyo mutuo en todas las actividades productivas, en las que todos participan, ha logrado a través del tiempo la autosuficiencia de cada miembro de la sociedad y la autogestión del grupo. Ello se ha logrado además con una división del trabajo tanto a nivel sexual en las que las mujeres de unas actividades y los hombres de otras; la división por roles y la situacional que es el reconocimiento que tenga la comunidad sobre las capacidades de una persona para llevar adelante una actividad u organizarla.Así, el hombre tiene asignadas varias actividades que complementan el quehacer cotidiano, las cuales son de estricto cumplimiento dentro de su comunidad y repercuten en la reciprocidad dentro de las familias extendida, por ejemplo su participación en la cacería, la tala y la quema del conuco en sus etapas iniciales, así como la siembra y cuidado de ciertos cultivos, la organización y participación en ceremonias y rituales comunales, la búsqueda de recursos materiales de la selva y la construcción de la vivienda o churuata, la pesca con arpón, nasa o trampa, la preparación del veneno o curare utilizado en la cacería, la elaboración y consumo de sustancias para comunicarse con el mundo espiritual, el tejido de ciertas cestas, la elaboración de tabaco, la construcción de embarcaciones tipo curiara, el conocimiento de los cotos y sitios específicos de caza.

Otras actividades requieren de una gran participación de los hombres aun cuando también hay mujeres que las realizan. Las mujeres son las encargadas de las tareas domésticas, atención a los niños y cocina, la atención diaria del conuco tanto a siembra como en la cosecha, transportando a la vivienda lo colectado, tanto en el conuco como los productos silvestres que logra recolectar en la selva; en cierta medida, participa en la pesca artesanal con trampas, atrapando los peces dentro de las nasas.

También desarrollan actividades de manufactura en la cestería, vestimenta y chinchorros confeccionados en algodón, adornos corporales tales como collares, aretes y pintaderas, las cuales confeccionan los hombres. Las mujeres mayores dedican gran parte de su tiempo a la confección de cestas y vestidos, preparación de alimentos y compartiendo sus consejos y ayuda en actividades en las cuales poseen experiencia. Los hombres mayores realizan actividades menos exigente que los más jóvenes debido al deterioro de sus condiciones físicas tales como visión, locomoción, fuerza, aun cuando la organización sociopolítica y los vínculos mágico religiosos recaen en el consejo de ancianos, conformado por los jefes de familias extendidas. A los niños mayores de 5 años se les responsabiliza del cuidado de sus hermanos menores de los cuales reciben respeto, de igual forma se dedican a ciertas tareas, que aparte de complementar las labores de los adultos, les adiestran como sucesores de su cultura; dichas actividades se resumen en la limpieza de los fogones, ordenar el sitio de habitación, búsqueda del agua, transporte de alimentos producto de las actividades agrícolas, participación en las actividades de pesca y caza. Otras actividades que influyen en la conducta y comportamiento del resto de la población, son las realizadas por los médicos tradicionales de las comunidades, los chamanes o wisidatu, quienes interactúan con el mundo espiritual. También está la figura del cacique o capitán de la comunidad como representante del grupo ante las personas e instituciones foráneas. Existen liderazgos situacionales referidos a miembros de la comunidad en los cuales se asignan tareas específicas de acuerdo a las actividades a realizar, como por ejemplo el mejor cazador dentro de las incursiones de cacería, el conocedor de los terrenos y suelos más fértiles, entre otras tantas habilidades.

Es un pueblo rico en literatura oral, danzas, cantos y fabricación de instrumentos musicales como el violín warao, la flauta y el tambor. El warao acostumbra a educar a su gente a través de las conversaciones, las cuales se generan después de la jornada diaria. Cuando regresan con sus canoas todos se reúnen en la cocina y comienzan a contar. La palabra es su escuela y su pasado. Cuentan que la tierra se formó como un disco, el cual flota en medio del mar inmenso. Cielo y mar se unen para formar una gran campaña. Por eso llaman a la tierra obvia, que significa aquello rodeado de agua. Creen que la lluvia es el producto de filtraciones a través de la capa celeste. Dicen que en un diluvio, un pedazo de tierra que estaba unido a la de ellos, se separó y se alejó bastante; ese pedazo de tierra es ahora Trinidad. Allí vivía un mono el cual se quedó en el delta, y que como era músico comenzó a tocar el violín y cada vez que lo tocaba nadie podía parar de bailar. Cuando el tigre se enteró de eso quiso comérselo, pero el mono como último deseo le pidió tocar el violín, al hacerlo el tiegre comenzó a bailar y ya no pudo detenerse. Debido a esta astucia no fue depredado por el felino, de allí que los waraos gusten tanto del baile, y por eso construyeron el violín warao.
En las historias waraos los personajes son diversos, pero el mono es común, como el moriche, porque de ellos se alimentan. Cuentan la historia de veinte waraos que andaban de cacería y se toparon con unos monos arahuacos. Al verlos los cazaron y se los comieron, después de esto continuaron la marcha, a excepción de uno que por estar herido no pudo continuar. El abuelo arahuaco, al verlo solo, le preguntó. ¿Cuántos son tus amigos? Cuando éste le respondió, le pidió que lo esperaran allí al día siguiente para conversar. Los waraos hicieron como les fue solicitado. Al día siguiente un grupo de monos los cazaron y los mataron. Pero sucedió que el herido, por astucia, se había convertido en lagartija y al ver lo que había hecho el abuelo y los suyos, buscó a su gente y, entre todos, acabaron con los monos arahuacos. Es por eso que desde entonces los cazan para su dieta diaria en memoria de aquella ocasión. Para los waraunos el astro lunar es su diosa, la que los guía en sus tareas cotidianas. A ella le piden ante las tormentas y las crecidas de ríos y para los frutos en las cosechas. Motivo por el cual su calendario es lunar y no solar.

 

 

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